Un día más, un día menos. Por Aitana Naranjo
- ccomuniacionescrit
- 23 jul 2021
- 2 Min. de lectura

¿Qué pasó, becerro?, le grité de manera inconsciente, sin que mi mente procesara lo que ocurría, al malandro que mientras me apuntaba con una pistola, me repetía que me bajara de la moto.
¿Qué pasó de qué? ¡Bájate, si no quieres que te entre a tiros!, respondió mientras me pegaba la pistola en la frente. Ni siquiera sentí el dolor del golpe, lo único que sentía era la rabia consumiéndome por completo. No quería que me matara, pero tampoco iba a dejar que ese bueno para nada, esa escoria, ese parásito, me arrebatara, así sin más, algo que me había costado tanto esfuerzo obtener.
Mi corazón latía tan rápido que parecía que se me iba a salir del pecho, podía sentir como mi sangre hervía, y las lágrimas estaban empezando a salir de mis ojos. Por mi mente pasaban imágenes de toda mi vida, recuerdos con mis papás, mis abuelos, mis hermanos, mis amigos, con Paola. Paola. Paola me está esperando en casa. Paola va a dar a luz en unas semanas. Tengo que llevarle la medicina de la tensión a mi mamá. Tengo que enviarle al Sr. Carlos el reporte de esta semana. Quién va a sacar a pasear a Princesa y Negrito en las mañanas, Paola es alérgica a los perros. Tantas cosas por hacer. Tantas cosas que no he hecho.
Por más que quisiera defender lo que me pertenece, no podía arriesgar a que me metieran un tiro, no por una moto. No cuando tengo un bebé en camino. No cuando mi mamá me está esperando. No vale la pena.
Quise bajarme, y decirle que podía llevarse la moto, que era suya si le daba la gana. Pero ya era tarde. No tuvo que decir nada, en sus ojos se veía lo que estaba a punto de hacer.




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